El tutorado del clavel para flor cortada requiere técnica, estructuras, mallas profesionales para una producción de alta calidad.
El cultivo del clavel (Dianthus caryophyllus) representa uno de los cultivos más resilientes y técnicos de la horticultura ornamental en España. A pesar de la evolución de los mercados internacionales, nuestro país mantiene una posición de liderazgo en Europa gracias a una combinación privilegiada de horas de luz y una especialización profesional que ha sabido adaptarse a las exigencias de calidad del mercado global.
En este escenario, la arquitectura de la planta y su correcta disposición vertical son determinantes para el éxito comercial de la explotación.
La producción de clavel en España y su relevancia comercial.
La zona geografía del clavel en la península ibérica ha experimentado una transformación significativa. Históricamente, la comarca del Maresme en Barcelona, fue el epicentro de la innovación y la logística, manteniendo hoy su relevancia a través de centros de comercialización clave. Sin embargo, el grueso de la producción se ha desplazado hacia el sur y el oeste.
Andalucía lidera actualmente la producción nacional, especialmente en la Costa Noroeste de Cádiz, donde municipios como Chipiona y Sanlúcar de Barrameda aprovechan un microclima atlántico excepcional.
Por su parte, Murcia aporta un volumen sustancial gracias a su tecnología de invernaderos, mientras que otras zonas como Galicia se especializan en ciclos estivales.
Estos centros productivos no solo abastecen el mercado nacional, sino que exportan gran parte de su volumen a los mercados europeos más exigentes, donde el clavel español es valorado.

Diferenciación técnica entre el clavel estándar y la clavellina.
Es importante distinguir entre las dos tipologías comerciales que conviven en el sector en torno al clavel para flor cortada, ya que sus manejos de poda y tutorado presentan matices distintos:
El clavel estándar (uniflora): Orientado a la obtención de una única flor de gran calibre por tallo. Requiere un riguroso proceso de desbotonado para eliminar los brotes laterales, destinándose principalmente a la floristería tradicional y eventos de gran formato.
La clavellina o mini-clavel (spray o multiflora): En este caso, se busca un ramillete de flores en cada tallo. El manejo técnico implica la eliminación del botón terminal para estimular la ramificación lateral simultánea, siendo el producto estrella para el mercado de bouquets de gran consumo.
Exigencias edafoclimáticas y manejo profesional del clavel para flor cortada.
El clavel es una especie heliófila que demanda una integral térmica y lumínica precisa. El sistema radicular es particularmente sensible a la asfixia y a patógenos vasculares, lo que obliga a cultivar en suelos arenosos o francos con un buen drenaje.
Con densidades que oscilan entre las 32 y 40 plantas por metro cuadrado, la competencia por la luz es máxima. Esta alta densidad de plantación, sumada a la naturaleza herbácea de sus tallos que pueden superar los 90 centímetros, hace que el soporte estructural sea una necesidad fisiológica y comercial.
El entutorado del clavel con mallas agrícolas de Nutriflor.
El entutorado no debe considerarse un gasto, sino una inversión estratégica en la arquitectura de la flor. El clavel, debido al peso de su capítulo floral, tiende al vuelco, lo que genera los indeseados «cuellos de cisne» (tallos curvados) que deprecian el producto automáticamente a categoría de destrío.
En Nutriflor, somos especialistas en proporcionar soluciones de soporte que garantizan la rectitud absoluta del tallo. El sistema profesional más eficiente consiste en la instalación de una estructura escalonada de mallas, colocando entre 4 y 7 niveles superpuestos horizontalmente a medida que el cultivo gana altura.

Materiales de las mallas de tutorado y sus ventajas competitivas.
Las mallas para tutorado de Nutriflor están fabricadas en multifilamento de poliamida (nylon) o monofilamento de polietileno de alta resistencia. Frente al antiguo sistema de alambres o hilos tejidos manualmente, estas mallas ofrecen ventajas técnicas decisivas para el ingeniero y el agricultor:
En sanidad vegetal: A diferencia del alambre galvanizado, que puede oxidarse y provocar heridas abrasivas en el tallo (vías de entrada para Botrytis o Fusarium), el material polimérico es suave e inerte.
Su resistencia química: Son mallas que no reaccionan ante tratamientos fitosanitarios, incluso aquellos basados en azufre, manteniendo su integridad estructural durante todo el ciclo.
Su eficiencia operativa: La instalación de mallas prefabricadas reduce drásticamente las horas de mano de obra. Al ser materiales ligeros y con memoria de forma, permiten un tensado uniforme que asegura una cuadrícula constante (habitualmente de 20 x 20 cm).
La rentabilidad (ROI): La facilidad para retirar, desinfectar y reutilizar estas mallas en ciclos posteriores optimiza los costes operativos de la explotación a largo plazo.
La rectitud del tallo del clavel como factor de rentabilidad.
Para los responsables de cooperativas y técnicos de campo, la elección de la luz de malla es un factor a tener muy en cuenta. Una cuadrícula demasiado abierta permitiría excesiva oscilación del tallo, perdiendo la verticalidad exigida para la categoría «Extra», mientras que una demasiado cerrada dificultaría la recolección, dañando el follaje.
La implementación de sistemas como las mallas de tutorado de Nutriflor asegura no solo la calidad estética, sino también una mejor ventilación entre plantas, reduciendo la incidencia de plagas como la araña roja y enfermedades fúngicas.
Así, el entutorado adecuado del clavel contribuye a producir tallos florales de alto valor comercial, capaz de resistir el transporte y lucir en los mercados de destino.